

Hernan F. C. Ten Kate (1859-1931)
Ten Kate fue un conocido antropólogo de los países bajos, nació el 21 de julio de 1859, y a través de sus estudios en París fue entrando al campo de la antropología y etnografía, siendo discípulo de BROCA. A la edad de 24 años comenzó sus viajes científicos por el suroeste de los Estados Unidos de norteamérica, donde estudió algunas tribus indígenas. A esto siguieron numerosos viajes y expediciones: 1882 a Lapland con Roland Bonaparte, 1885-1886 a Surinam y Venezuela, 1886-1887 a Algeria, 1887-1888 a Arizona, Nuevo México y México central, 1891-1894 al océano Pacífico: islas de Flores, Timor, Suembawa, etc., así como a Australia, Tonga y Perú. De regreso en Europa, en 1895 se graduó de "doctor medicinae universae" en la Universidad de Heidelberg, Alemania. Viajó a La Plata, Argentina, donde desde 1895 hasta 1897 ejerció como curador del Departamento de Antropología del Museo de La Plata. De allí también viajó a Paraguay.
Desde 1898 hasta 1919, permaneció en Japón por tres períodos, por un total de 15 años, allí ejerció la profesión de médico e investigador. Durante ese período visitó Java, Ceilán, Hawaii y China. Ya de regreso definitivo en Europa, con su salud quebrantada, vivió en Holanda, Italia y finalmente en Cartago, donde falleció el 5 de febrero de 1931. Sus vastos estudios a nivel de todos los continentes, lo situaron como uno de los antropólogos más conocidos de comienzo del siglo XX. Publicó mas de 150 artículos de importancia en diversas revistas especializadas, así como muchas notas menores. Sus biógrafos coinciden en señalar que con su muerte se perdió uno de los grandes exploradores, de esos pocos con interés en todos los continentes.
Su visita a Venezuela y a la Cueva del Guácharo
En su primer viaje a Suramérica, Ten Kate visitó Surinam (13-6-1885 al 19-2-1886), aunque por la pérdida de sus diarios, éste es uno de sus viajes con menor información publicada. De ahí continuó su viaje a Venezuela vía Guayana Británica y Trinidad, trasladándose luego a Ciudad Bolívar. Desde Soledad continuó a caballo hasta Aguasai (12 al 22 de marzo 1886) y prosiguió hacia Cumaná, pasando por Caripe y visitando la Cueva del Guácharo. En esta parte de su viaje estudió los hábitos de los indios Chaimas, Cumanagotos y Guaiqueríes, tomando muchas mediciones antropométricas.
El propósito fundamental de esta expedición era obtener información de índole antropológica y colectar objetos etnográficos, así como ejemplares zoológicos. Su viaje fue financiado por Roland Bonaparte, Emil Riebeck y la Sociedad Teyler. Desde Cumaná pasó a Araya y de ahí a La Guaira. Al llegar a Caracas el 5 de abril de 1886, su salud empezó a flaquear, decidiéndose continuar hacia Norte América. Zarpa desde Puerto Cabello el 26 de abril, con destino a Curazao. La Cueva del Guácharo la visitó el 25 y 26 de marzo de 1886, su descripción realmente no añade nada nuevo a lo ya conocido previamente (e.g., CODAZZI y HUMBOLDT), aunque no deja de ser interesante, sobre todo por la parte final, donde indica que se extraviaron dentro de la cueva. Si bien la obra antropológica y etnográfica de Ten Kate sobre Venezuela, es en verdad importante (TEN KATE, 1886, 1887), su descripción espeleológica, es casi de puro interés histórico. Hasta donde conocemos la visita de este famoso personaje a nuestra máxima cueva, nunca antes ha sido mencionada en las descripciones publicadas.
Descripción de la Cueva del Guácharo por Ten Kate (1890: 657-659)
"Marzo 25. - Cerca de las siete y media (a.m.) continuamos nuevamente. Al principio el camino se abría a través de surcos, terrenos arados y bosques, hasta que después de una hora de marcha comenzamos a ascender la senda montañosa, la cual, a pesar de estar malamente desbrozada, era sin embargo llamada "camino real", zigzagueando a lo largo del lado de la montaña y después sobre el farallón mismo, que consistía de caliza gris. Alternábamos la caída de chaparrones con bellas vistas hacia el sur, lejos hacia los llanos, que se perdían en la distancia brumosa. Más allá del punto más alto la hierba es más verde, la vegetación más lujuriosa y el follaje mas fresco del que yo haya encontrado en las montañas hasta ahora, también hay más agua.
Cerca de la una de la tarde llegamos a "El Guácharo" un pequeño caserío o grupo de casas, repartidas irregularmente lejos y cerca en el valle. Desde ahí entramos a otro valle que se abre hacia arriba y más o menos hacia el oeste. Unos pocos kilómetros más adelante, nos detuvimos para descansar en una resurgencia, tal como nos había sido indicado. A pesar de que Gómez, el dueño estaba seriamente enfermo, recibimos una cálida bienvenida de las dos mujeres de la casa. A sus requerimientos visité al enfermo, pero ya que encuentran el tratamiento que le prescribo demasiado fuerte, prefieren utilizar una muy dudosa porción prescrita por una suerte de esculapio que ha sido llamado desde Caripe. La casa de Gómez es la última en el valle. Tanto la rica vegetación original como las abundantes plantaciones de café y tabaco eran evidencia de la fertilidad del suelo. Todo parecía muy tranquilo y pacífico.
Aproximadamente un cuarto de hora más allá de la resurgencia en el valle, está situada la famosa Cueva del Guácharo, que fue primeramente explorada y descrita en forma científica por Alexander von Humboldt. A pesar de que era muy tarde para visitar la cueva el mismo día, no pude evitar el hacer cierta suerte de peregrinaje hacia el lugar que, en la larga odisea de Humboldt, bien puede ser llamado clásico. Era un lugar muy bello y romántico. La entrada a la gruta en la empinada pared del precipicio, era casi tan alta como ancha, permitiendo que la luz del día alumbrase una distancia notable dentro de este inmenso domo natural. Los encantadores verdes contrastaban brillantemente con los verdes y rojos de la caliza sobre las paredes rocosas del farallón. Los troncos de enormes árboles se elevan sobre la entrada de la cueva. Bajo esos árboles el bello tronco se decora con parásitas, las cuales semejan largas barbas verdes, oscilando al viento. Tres cruces de madera clavadas en el suelo delante la caverna, muy cerca una de otra, realzan la impresión de soledad, y pareciera un aviso de "Memento mori" al que entre en estos dominios subterráneos. Y ante mí en la quietud de la tarde de un día que llega a su fin, se levantan las imágenes de los grandes descubridores Humboldt y Bonpland, quienes visitaron estas montañas hace más de ochenta años y descubrieron los secretos de estas regiones. Después de una madrugada bastante fría la mañana siguiente visité la cueva. Mi guía era un Mestizo; también nos acompañaba Manuel María. Apenas habíamos transpuesto la entrada de la cueva el ensordecedor y agudo sonido de centenares de guácharos, a quienes la cueva debe su nombre, nos recibió.
Asustados por nuestra llegada muchos de estos pájaros abandonan sus nidos en los huecos parecidos a embudos de las bóvedas rocosas, y vuelan, ansiosamente por los alrededores. Trato en vano de dispararle a alguno de ellos; pero el polvo hace casi imposible apuntar correctamente. Innumerables frutos de la cobalonga y del palmito, de los cuales se alimenta el guácharo, cubren el suelo, hasta cierta distancia de la entrada de la cueva. En la espesa arena del piso de la caverna hay numerosos huecos de cangrejos, mientras que algún tipo de Grylla se mueve rápidamente sobre la tierra. Más adelante encontramos numerosas huellas de lapas en la arena. Finalmente el guía enciende las antorchas, las cuales están hechas de traces de tiras de madera de candilo, y que esparcen un olor resinoso.
Descendemos ahora en la caverna propiamente dicha. En muchos aspectos quedé desilusionado en mis aspiraciones, ya que el aspecto general de la Cueva del Guácharo, hasta donde yo era capaz de comparar no era muy diferente a otras cavernas. En el cuarto precioso, uno de los lugares más bellos, muchas estalactitas y estalagmitas han sido destruidas por destructores visitantes. Un pequeño pozo rocoso lleno de agua fría y cristalina, lleva el nombre de Pozo o Baño de Humboldt. La tradición dice que el tomó un baño en el mismo, y grabó su nombre, el cual traté de encontrar en vano, en la pared rocosa. Un baño frío y refrescante en Venezuela debido a lo raro es un lujo. No pude evitar, tanto si era siguiendo el ejemplo de Humboldt o no, el tomar un baño en el pozo a la luz de las antorchas. Bañado y fresco, seguimos nuestro camino a través de un laberinto sin fin de corredores y arcos.
Después de buscar en forma dubitativa por cierto tiempo, el guía declara que se ha perdido. Debido a su falta de cuidado nos queda solamente una antorcha, ya que la otra esta quemada más de la mitad. Lo que siguió después no puedo describirlo. Más de una vez en mis viajes, me he enfrentado con todos mis sentidos a la muerte, pero nunca había estado tan sobrecogido por la calma helada de la desesperación como estaba en aquel momento. Los ejemplos de personas que se han perdido en la Cueva y no han retornado nunca, existen. No es de extrañar entonces que con la perseverancia que genera la desesperación, seguimos buscando la salida de la caverna. Al fin después de cierto tiempo, no importa cuán corto este haya sido, nos pareció toda una eternidad, el viejo Negro gritó y recogió el remanente de una antorcha quemada que había sido desechada por el guía. Habíamos llegado a un lugar por el cual ya habíamos pasado una vez antes. Ahora empezamos a buscar nuestras huellas las cuales prontamente nos llevaron hacia un sector de la caverna que le era familiar al guía. A pesar de no haber visto la cueva completamente, me faltó el valor de colocarme en las manos de tal guía y busqué la salida lo más rápidamente posible".
Referencias
URBANI, F. 1982. Hernan F.C. Ten Kate (1859-1931) en Tópicos Especiales: Vida y Obra de los Iniciadores de la Espeleología en Venezuela. Caracas, Bol. Soc. Venezolana Espel. 10(19):165-169.
Bibliohemerografía
ANÓNIMO, 1931. "Dr. Herman F. C. Ten Kate 21 juli 1858 - february 1931". De West-lndische Gids, 1930/31, Twaalfde jaargang, dertiende deer, p. 496-502. J-Gravenhage, Martinus Nyhoff.
TEN KATE, H. F. C. 1886. "Travels in Guiana and Venezuela". Revue Coloniale Intemationale (Amsterdam), 111(6).
TEN KATE, H. F. C. 1887. "Observations anthropologiquès recuilles dans la Guyane et la Venezuela". Revue d'Anthropologie, Paris. 2 ser., t. x, p. 44-68.
TEN KATE, H. F. C. 1890. "Over Llano en Sierra: Fragmenten uit mijn reishournaal". Tiidschrift van het Kon. Nederlandsch Aardrijkskundig Geno-otschap, Leiden, Tweede Serie, Deel VII, p. 639-664.
STEINMETZ, S. R. 1931. "Ter Nagedachtenis aan Dr. H. F. C. Ten Kate". Ibidem, 2 ser., vol. XLV111, p. 486-491.
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