La numerosa variedad de especies minerales diseminadas en gran parte de geografía venezolana, una historia de desarrollo minero que data de más de cuatrocientos años y una legislación actual, confiere al módulo "Minerales" una importancia de carácter singular. Es por ello, que el "Código Geológico de Venezuela" presenta de manera muy especial este nuevo módulo como una extensión en el desarrollo del "Museo Geológico Virtual".

La información que encontrará le permitirá conocer sobre mineralogía; con conceptos introductorios en la fascinante ciencia de los minerales, listado general de especies minerales; así como una sección con los minerales presentes en Venezuela y datos importantes de cada uno de ellos, de igual manera, si desea conocer la historia de la minería en Venezuela, la cronología presentada le exhibirá un ameno viaje por fechas y hechos de importancia. Los mapas sobre minerales le darán una visión geográfica de la disposición de éstos a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Otros tópicos dentro de este módulo le presentarán un glosario con la terminología básica, Clasificación general de las especies minerales, Mapas de localización de minerales, Referencias y finalmente, Consejos para construir una colección de minerales.



Minerales, ¿sustancias orgánicas o inorgánicas?

La belleza intrínseca y gran variedad de especies minerales presentes en nuestro planeta han despertado la curiosidad y el afán de estudio de un sinnúmero de aficionados, coleccionistas y científicos a lo largo de la historia. Los minerales son sustancias naturales sólidas, formadas por procesos inorgánicos, y que constituyen los elementos esenciales formadores de las rocas. Se caracterizan por presentar propiedades físicas homogéneas, por una composición química característica, que puede ser variable dentro de ciertos límites y, principalmente, por poseer una disposición atómica fija o celda unitaria reticular diagnóstica para cada especie mineral. La definición de mineral admite ciertas excepciones o, mejor aún, determinadas extensiones. El mercurio, por ejemplo, a pesar de hallarse en la naturaleza en estado líquido, es considerado como un mineral; contrariamente, los vidrios volcánicos, de aspecto sólido, no son considerados igualmente como minerales debido a la carencia de celda unitaria reticular. El caso de cristales diaplécticos, i.e. productos del impacto de cuerpos celestes y que presentan desorden atómico no se han clasificado adecuadamente hasta la fecha. Ciertas especies minerales pueden presentar un origen no totalmente inorgánico, e.g. como las calizas, aunque la calcita es un mineral y en su formación como constituyente de los caparazones de innumerables organismos que componen las calizas está presente en un grado de relevancia total. Las sustancias sintetizadas en el laboratorio no pueden considerarse minerales debido a la intervención de la mano del hombre; no importando su origen orgánico o inorgánico. De igual manera es aplicable tal consideración a aquellas sustancias que un químico no dudaría en calificar como "sustancias orgánicas", tal el caso de los hidrocarburos, oxalatos, algunas parafinas y el ámbar, sustancias de clara procedencia orgánica.

Una breve visión histórica de los minerales

El empleo y la posterior fascinación por los minerales se remonta a los albores de la historia; las pinturas rupestres realizadas con colorantes minerales son un ejemplo clásico del primer uso que daban nuestros antecesores a los materiales minerales. Hace unos 3000 años atrás, los fenicios explotaban ya el yacimiento metalífero en la región española de Riotinto. El primer tratado de mineralogía corresponde a la obra titulada Sobre las piedras, de Teofrasto (372-287 a.C.), discípulo de Aristóteles, en el que describe dieciséis especies minerales. Posteriormente, el eminente historiador Plinio en el siglo I, recopiló numerosos conocimientos de historia natural y aludió a otras muchas especies, explicando su utilidad como gemas, colorantes o en la fabricación de objetos metálicos. El término mineral, apareció en el siglo XIII, en la obra de San Alberto Magno, donde describe nuevas sustancias químicas y un total de 95 minerales. Al final de la Edad Media se incrementó en toda Europa la extracción de metales y otros minerales, como consecuencia del desarrollo de la guerra y la fabricación de armas, así como, del creciente interés por la alquimia. Georg Bauer, conocido como Agricola (1414-1555), publicó la obra De re metallica y De re fossillium, donde reunió todo el conocimiento de la época sobre las nacientes ciencias de la mineralogía y geología. En el siglo XVIII, Nicolá Steno, con sus trabajos sobre la morfología de los cristales, creó una nueva ciencia, la Cristalografía, auxiliar de la mineralogía, que se dedica al estudio de la estructura de los minerales. A partir de allí, numerosos científicos aportaron publicaciones estrechamente ligadas entre la mineralogía y la química. A finales del siglo XVIII, el abad francés René-Just d'Haüy (1782) publicó diversos trabajos sobre cristalografía. En 1848 el también francés Auguste Bravais (1811-1863) llegó a la conclusión definitiva de que las partículas se pueden distribuir espacialmente de catorce formas distintas. Las estructuras así formadas por traslación y compenetración se denominan redes de Bravais; las cuales podrían considerarse como los "ladrillos" de los que se compone la materia cristalina. Finalmente, en 1870 la aparición del microscopio polarizante, de gran ayuda para investigar las propiedades ópticas de los minerales, y la demostración de la difracción de los rayos X (Max von Laue, 1912), fue lo que permitió conocer la estructura íntima de los minerales y establecer las bases para el desarrollo de la mineralogía determinativa.

¿Poseen los minerales organización interna?

La materia sólida está dividida en dos categorías a saber: Materia amorfa; integrada por partículas que no presentan arreglo geométrico, tal el caso de la bauxita y el vidrio volcánico, y Materia cristalina; en la cual las partículas que la integran poseen una estructura interna ordenada, con posiciones fijas. Cuando las condiciones son favorables, su aspecto externo es un reflejo de su ordenamiento; por lo tanto, adquiere forma geométrica, y se habla de cristal.

Puesto que los cristales son cuerpos geométricos, pueden estudiarse desde un punto de vista descriptivo, es decir, sin tomar en consideración la orientación de los átomos en su interior. Este tipo de estudio supone, en realidad, el primer estadio de desarrollo de la mineralogía como ciencia (1500-1912), después de que fue separada del grupo de las ciencias mineralógicas aplicadas.

Los cristales son cuerpos visibles, a diferencia de los átomos que no pueden ser observados directamente, por lo que las primeras descripciones sobre su morfología, fueron realizadas a simple vista, o bien con la ayuda del goniómetro; posteriormente se aplicaron a su estudio las lentes y finalmente el microscopio. Las dimensiones en los cristales no deben considerarse de este modo de importancia capital, pues aquellas permanecen constantes independientemente del tamaño reducido que tenga el cristal. De este modo, mientras un cristal sea más pequeño, mucho más nítidas y brillantes serán las caras y por ende serán más manifiestas las aristas y los vértices de este sólido.

El gran impulso en el campo de la cristalografía morfológica, ciencia dedicada al estudio de los cristales, se produjo en el momento en el que se procedió a aplicar al microscopio un medidor de ángulos, conjunto que recibe el nombre de goniómetro de reflexión. Sin embargo, con anterioridad a este adelanto, ya se habían enunciado dos reglas fundamentales en la cristalografía. La primera de ellas, establecida en 1667 por Niels Stensen, médico de la corte de los Médicis con el nombre de Nicolá Stenone, establece: en todos los cristales de una misma sustancia, a igualdad de temperatura y de presión, los ángulos diedros que las mismas caras establecen entre sí son iguales; es decir, en los cristales carecen de valor las dimensiones relativas de las caras aisladas; lo importante son los ángulos que forman entre sí. La segunda ley cristalográfica, enunciada por el abad francés R. J. d'Haüy (1782) establece: que si se toman como ejes de referencia de un cristal tres líneas paralelas a tres aristas convergentes y no pertenecientes a un mismo plano, las relaciones entre los parámetros cortados sobre los los mismos ejes por dos caras cualesquiera del cristal son números racionales enteros y generalmente sencillos.

¿Presentan los minerales forma cristalina?

El término forma presenta un significado cristalográfico muy preciso: consiste en el conjunto de caras físicamente equivalentes de un cristal, cuya presencia viene condicionada por sus elementos de simetría. La forma de un cristal, tal como se muestra a simple vista, no viene dada en general por una sola forma cristalográfica sino por una combinación de varias de ellas, más o menos desarrolladas. Las caras posibles de un cristal determinado vienen fijadas por la disposición interna de los átomos y por lo tanto un aspecto determinado obedece a las relaciones entre las velocidades de crecimiento de las formas simples; contrariamente, la forma que muestra un desarrollo predominante entre todas las posibles supone una adaptación del cristal a las condiciones imperantes y depende, no sólo de la presión y de la temperatura actuantes en el momento de la cristalización, sino también del ambiente químico, de la presencia de tensiones orientadas, de las impurezas y asimismo del crecimiento contemporáneo de otros cristales. Por lo tanto, cristales pertenecientes a una misma sustancia pueden presentar formas dominantes distintas en diversas localidades, o incluso en una misma localidad pero a tiempos distintos.

¿Qué son elementos de simetría?

Los elementos de simetría son operaciones geométricas que determinan en los cristales la repetición de porciones geométrica y físicamente homólogas. El grado de simetría por su parte, queda determinado por el conjunto de los elementos de simetría comunes a todas sus propiedades. Conviene ante todo diferenciar entre la simetría aparente (singonía), que se deduce del examen de las formas geométricas externas que muestra un cristal en cuestión, y la simetría real (o simetría verdadera) que sólo es reconocible después de someter al cristal a una serie de experiencias físicoquímicas y que pude ser distinta de la simetría aparente. La simetría verdadera de un cristal es la mínima presente y es común a todas sus propiedades.

En los cristales se presentan tres elementos de simetría a saber: plano de simetría: que corresponde a un plano imaginario que divide el cristal en dos porciones simétricas especulares, i.e. la que correspondería a la imagen reflejada en un espejo; eje de simetría: constituye una línea imaginaria que pasa a través del cristal, alrededor de la cual, al realizar éste un giro completo, repite dos o más veces el mismo aspecto y centro de simetría: punto interior del cristal que al unirlo con cualquiera de la superficie, repite, al otro lado del centro y a la misma distancia, un punto similar. Todas las redes cristalinas, igual como sucede con los cristales, que de hecho son la manifestación externa de la estructura de las redes, presentan estos elementos de simetría como consecuencia de su naturaleza. Si clasificamos los 230 grupos espaciales según los elementos de simetría que poseen, obtenemos 32 clases de simetría (cada una de las cuales reúne todas las formas cristalinas que poseen los mismos elementos de simetría), los cuales, a su vez, se agrupan en siete sistemas cristalinos: regular o cúbico, tetragonal, hexagonal, romboédrico, rómbico, monoclínico y triclínico.

Los máximos elementos de simetría de cada sistema son:

Sistema cúbico: Tres ejes cuaternarios que pasan por los centros de las caras; 4 ejes ternarios que pasan por los vértices; 6 ejes binarios que pasan por los centros de las aristas; 3 planos de simetría que contienen los ejes cuaternarios; 6 planos de simetría que contienen los ejes binarios, y centro de simetría.

Sistema tetragonal: Un eje cuaternario que pasa por el centro del prisma y es paralelo a sus caras; 2 ejes binarios que pasan por los centros de las caras del prisma; 1 plano que contiene todos los ejes binarios; 2 planos que pasan por las aristas del prisma; 2 planos que pasan por los centros de las caras, y un centro de simetría.

Sistema hexagonal: Un eje senario que pasa por el centro del prisma y es paralelo a sus caras; 3 ejes binarios que pasan por por los centros de las caras del prisma; tres ejes binarios que pasan por los centros de las aristas laterales; 1 plano que contiene todos los ejes binarios; 3 planos que pasan por las aristas del prisma; 3 planos que pasan por los centros de las caras, y centro de simetría.

Sistema romboédrico: Un eje ternario que pasa por dos vértices del romboedro y coincide con su altura; 3 ejes binarios perpendiculares al eje ternario y pasan por los centros de las aristas; 3 planos que pasan por las aristas, y centro de simetría.

Sistema rómbico: Un eje binario que pasa por el centro del prisma y es paralelo a sus caras; 2 ejes binarios que pasan por los centros de las aristas del prisma.

Sistema monoclínico: Un eje binario que pasa por el centro de dos aristas; 1 plano perpendicular al eje binario, y centro de simería.

Sistema triclínico: Centro de simetría.

¿Son estructural y químicamente uniformes los minerales?

Polimorfismo

El fenómeno por el cual una misma especie química puede originar diversas estructuras y, en consecuencia, diferentes tipos de minerales se denomina polimorfismo. Las estructuras correspondientes se denominan variantes o bien modificaciones polimorfas. Cada una de ellas es estable en un determinado campo de temperatura y de presión; representa la configuración reticular de mínima energía posible para unas determinadas condiciones. La transición de una variante polimorfa a otra puede ser rápida o lenta, reversible o irreversible, facilitado por las condiciones de temperatura o presión. Incluso determinadas transformaciones sólo son posibles en el laboratorio en presencia de catalizadores adecuados, por lo que debe suponerse que en condiciones naturales existe también el ambiente químico particular para hallar una determinada variante. El entorno químico puede favorecer la aparición de variantes fuera de su campo de estabilidad (presión y temperatura); i.e., en condiciones metaestables. Al cambiar las condiciones de presión y de temperatura, una variante polimorfa puede quedar sustituida por una variante estable sin que ello modifique la forma externa del cristal.

Isomorfismo

El fenómeno por el cual se presentan minerales que exhiben la misma estructura en composiciones químicas distintas se conoce como isomorfismo. Este fenómeno recibe también el nombre de isotipia, cuando la identidad estructural entre el mineral característico de la estructura y el del mineral considerado es total, bien sea en la posición de los átomos o en su relación recíproca; de homeotipia cuando la posición es la misma, pero sin embargo, cambia la fórmula en sí. En general dos sustancias se denominan isoestructurales cuando poseen estructuras idénticas o apenas ligeramente distintas, debido a pequeñas rotaciones de los nudos a causa de la sustitución de los átomos que los ocupan.

¿Se presentan los minerales como sustancias aisladas?

Los cristales aislados son en realidad una rareza en la naturaleza; generalmente los minerales se presentan en agregados o en asociaciones regulares o irregulares, siendo las rocas las más comunes de todas ellas. Los agregados de minerales pueden ser heterogéneos, integrados por especies distintas; comunes en rocas que presentan gran diversidad y texturas, y homogéneos, constituidos por individuos de la misma especie; estos últimos pueden presentarse en agregados dendríticos; como finas ramas divergentes, botroidales; como grupos esféricos agrupados, drusas; como un manto de pequeños cristales, geodas; como un tapizado de cristales dentro de una cavidad, y en maclas, como agregados de dos o tres cristales con presencia de simetría.

¿Cúales son las propiedades físicas más
notorias de los minerales?

Además de la forma, que puede faltar por completo en los fragmentos de minerales, las propiedades físicas constituyen un elemento utilísimo para su reconocimiento. Algunas de estas propiedades pueden apreciarse por simple observación, otras requieren sencillas medidas y finalmente existen parámetros que requieren de una instrumentación más compleja y costosa. Las propiedades físicas de los cuerpos sólidos se dividen en direccionales y no direccionales. Las primeras incluyen las propiedades escalares, expresables en forma numérica, tal como la densidad, y otras propiedades difícilmente definibles mediante números, que dependen de una valoración subjetiva basada en los sentidos humanos, tal como la raya. Las segundas, denominadas vectoriales, no sólo requieren un valor numérico para su correcta expresión (módulo) sino que debe especificarse también la dirección en la que se ha realizado la medida, tal como la cohesión, tenacidad, piezoelectricidad y piroelectricidad. En los cuerpos cristalinos está como mínimo siempre presente una propiedad vectorial que cambia de modo discontinuo, i.e., con el módulo bruscamente variable, debido a pequeñas desviaciones de la dirección de medida.

Propiedades escalares

La densidad de un cuerpo representa el valor de su masa por unidad de volumen (g/cm3) y su valor numérico es igual al peso específico, que a su vez indica cuántas veces el cuerpo en cuestión pesa más que un volumen idéntico de agua destilada. La densidad está en relación directa con la densificación de los átomos en la celda reticular y por tanto es elevada en los compuestos con un número de coordinación alto (metales) y con baja en los compuestos con una coordinación menor (compuestos con enlaces residuales o covalentes). En general no se procede a realizar medidas de densidad sino de peso específico, basándose en el conocido principio de Arquímedes y mediante un instrumental muy sencillo, como el picnómetro, la balanza hidróstática o líquidos con peso específico previamente determinado. Resulta también cómodo asignar un valor estimativo por comparación con una sustancia como patrón. La determinación precisa de la densidad no siempre supone un diagnóstico seguro ya que muy pocas muestras de minerales carecen de hoquedades, impurezas o fracturas que alteran de tal modo los valores de la densidad que hace que sólo sea cualitativa.

Propiedades vectoriales

La propiedad vectorial más resaltante es la velocidad de crecimiento relacionada directamente con las características geométricas y con el tipo de enlace cristalino; varía por tanto de un modo anisótropo discontinuo. Las propiedades de cohesión están ligadas con la propiedad anterior y también son anisótropas y discontinuas; en cambio, las propiedades que están relacionadas con la penetración del cuerpo por una determinada forma de energía, como luz, calor o electricidad, son claramente direccionales, pero varían de modo continuo. Por otra parte, al dividirse un cristal en fragmentos informes (fractura) o bien seguir superficies planas paralelas a las caras cristalográficas (exfoliación o clivaje). El primer tipo de fragmentación es característico de las sustancias con enlaces distribuidos de manera más o menos similar en todas las direcciones y puede llevarse a cabo siguiendo superficies irregulares, curvas, astillas, etc. La exfoliación tiene lugar en sustancias en las que existen planos con abundantes enlaces y también direcciones en cuyo sentido la cohesión es mínima. Resultan figuras de exfoliación que en las clases de simetría elevada, pueden ser incluso cerradas.

La tenacidad es otra propiedad que depende de la cohesión reticular y define la forma según la cual un mineral se deforma bajo una acción mecánica. El grado de tenacidad puede expresarse en términos de fragilidad, maleabilidad, ductilidad, sectilidad, flexibilidad y elasticidad. La dureza, por su parte, es la propiedad que exhiben los minerales para resistir la abrasión y el rayado; depende de la cohesión molecular pero en grado distinto que la tenacidad. La dureza se mide de modo práctico en relación a la escala diseñada por el geólogo austríaco Friedrich Möhs (1773-1839), con el empleo de una serie de puntas de minerales; con la propiedad de que cada mineral raya al que le precede, y es rayado por el que le sucede. Existe además, otra escala más empírica pero a la vez más práctica, según la cual se definen como blandísimos los minerales que pueden ser rayados con la uña (dureza de 1 a 2), blandos los que se rayan con una moneda de cobre (2 a 3), semiduros los que rayan fácilmente con un cortaplumas (de 5 a 6,5) y durísimos los que no se rayan con una hoja de acero. La dureza de un mineral experimenta grandes cambios con la dirección y exhibirá valores distintos dependiendo en que dirección se tome la medida al rayar un mineral.

Otros aspectos a considerar corresponden a las propiedades ópticas, de inconfundible carácter vectorial. La luz que incide en un mineral se reparte en tres fracciones: la luz reflejada; que indica la cantidad de luz que el mineral refleja como un espejo, luz transmitida; se refiere a la cantidad de luz que que pasa a través de él, y luz absorbida; que corresponde a la cantidad de luz que absorben las partículas. El índice de refracción y el color son las dos propiedades ópticas que proporcionan mayor información sobre los minerales. El índice de refracción (n) se define como como la relación existente entre la velocidad de la luz en el vacío (c) y la velocidad de la luz en dicho medio (v): n = c/v. El color, que en muchas muestras del mismo mineral es variable, debido a la particularidad de que cambia según la dirección de incidencia de la luz, ya que corresponde a un espectro de longitudes de onda, y cada una de dichas ondas poseen mayor o menor facilidad para atravesar el cristal, no es un criterio totalmente fiable para consideraciones diagnósticas de especies minerales.

Desde el punto de vista de sus relaciones con la energía luminosa, los cuerpos se dividen en dos grandes grupos: monorefringentes y birrefringentes. En los primeros la luz se propaga a idéntica velocidad en todas las direcciones; no obstante, a una velocidad menor y con un cierto desvío o refracción con respecto a la propagación en el vacío o en el aire. Los variedades minerales amorfas y los cristales con hábito cúbico pertenecen a la clase monorefringente. Contrariamente, cuando un haz de luz penetra un cuerpo birrefringente se desdobla en dos rayos de luz polarizada que vibran en planos ortogonales y que se propagan, además con distinta velocidad.

Finalmente hemos de revisar las carcterísticas eléctricas y magnéticas de las especies minerales. La conductividad eléctrica de los minerales varía también con la dirección y sobre todo con el tipo de enlace; los elementos metálicos son excelentes conductores, algunos sulfuros y un número muy limitado de óxidos; en cambio, la mayor parte de los óxidos son medianamente conductores. Los minerales que poseen enlaces iónicos o covalentes son pésimos conductores. Sin embargo, entre los minerales no conductores existen algunos capaces de desarrollar una diferencia de potencial al ser sometidos a estímulos de tipo mecánico como compresión, tracción o torsión; los cuales reciben la denominación de piezoeléctricos, o de tipo térmico; por calentamiento; conocidos como piroeléctricos.

La naturaleza eléctrica de los minerales dada su condición de redes o celdas moleculares le imprime a éstos carácter magnético. Si desde el exterior se aplica un campo magnético a diversos minerales, puede observarse que algunos de ellos son atraídos considerablemente por este campo y se dirá entónces que son ferromagnéticos, si lo son débilmente se hablará de minerales paramagnéticos, y finalmente diamagnéticos, aquellos que no son atraídos de manera alguna.

¿Son arbitrarios los nombres de minerales?

Los nombres de los minerales son, por lo general, términos vulgares que hacen referencia a diversos aspectos como el color (albita: blanco; malaquita: malva; cianita: azul), la región de origen (aragonito: de Molina de Aragón; aglesita: de la isla de Anglesey) o un nombre propio (covellina: Covelli; sillimanita: Silliman; halloysita: Halloye). Debido a la ausencia de un criterio fijo para su designación, en 1960 se creó un comité de nomenclatura. A partir de esa fecha sólo se admiten nuevos nombres que hagan referencia a la composición química o estructura cristalográfica del mineral. El nombre del mineral descubierto debe llevar la terminación "ita" y no admite sinonimias, a fin de sintetizar la nomenclatura y evitar confusiones.

Principios de una ordenación y clasificación mineral

Antes de que la química alcanzara un cierto desarrollo y de que se produjeran importantes avances tecnológicos, sobre todo en el campo de la óptica y microscopía electrónica, los minerales fueron clasificados con base a criterios meramente físicos, ya que éstos proporcionaban datos con un grado de confiabilidad acerca de su naturaleza, y además, porque era el sentido de la vista el único instrumento del que se disponía. Teofrasto (372-287 a.C.), discípulo de Aristóteles, elaboró la primera sistemática cualitativa de la que conocemos en tiempos históricos; sin embargo, no fue sino hasta el desarrollo posterior de la química cuando se realizó la primera clasificación en función de la composición de las especies minerales, y correspondió de este modo al químico y mineralogista sueco, Axel Cronstedt (1722-1765), presentarla por vez primera. En 1837, el geólogo estadounidense James Dana, argumentó en su obra A system of mineralogy que no pocas veces los criterios que obedecían exclusivamente a composiciones fallaban para algunos minerales y que, en todo caso, se debería considerar su estructura interna. Propuso así, una clasificación según criterios más modernos, es decir, atendiendo a la estructura y a la composición química. Existen actualmente, en la literatura mineralógica aproximadamente entre 2000 y 3000 tipos de minerales distintos y aproximadamente una media de 20-30 nuevos minerales cada año, mientras que un reducido número es eliminado de esta lista después de exámenes más rigurosos. Un número tan elevado de especies, que suponen unos 14.000 nombres debido a la existencia antiguos y comerciales, hacen inevitable la necesidad de una clasificación, es decir de una catalogación de forma orgánica en base a un principio fijo. Este principio puede establecerse a partir de diversos criterios y, en efecto, durante los dos últimos siglos se han propuesto distintas clasificaciones que pueden reagruparse, a fines didácticos, en los tipo químico, físico, genético, estructural y cristaloquímico. La clasificación moderna de los minerales se basa en los principios cristaloquímicos que consideran los indicios más importantes de las especies minerales: la composición química y la estructura cristalina. De acuerdo a esto, la clasificación de minerales por clases o grupos puede presentarse de la siguiente manera:

  • Elementos nativos o sustancias simples.

Además de los metales nativos, semimetales y no metales, a esta clase pertenecen condicionalmente los nitruros, carburos, fosfuros y siliciuros poco difundidos. Corresponden en número a unas 50 especies minerales.

  • Sulfuros y Seleniuros, Telururos, Arseniuros, Antimoniuros y Bismuturos.

Comprenden un conjunto de unas 300 especies minerales.

  • Halogenuros o Haluros, además de los Cloruros, Fluoruros, Bromuros y Yoduros, así como Oxihaluros e Hidrohaluros.

Constituyen un grupo de unas 100 especies minerales.

  • Óxidos e Hidróxidos.

Comprenden unos 250 minerales.

  • Nitratos, Carbonatos y Boratos.

Constituyen un grupo de 200 minerales.

  • Sulfatos, además de Cromatos, Molibdatos y Volframatos.

Comprenden unas 200 especies minerales.

  • Fosfatos, Arseniatos y Vanadatos.

Constituyen unos 350 minerales.

  • Silicatos, Alumosilicatos, así como Borosilicatos, Titanosilicatos y Berilosilicatos.

Comprenden unos 500 minerales.

Estas clases se dividen en subclases; el indicio de clasificación de las cuales es el tipo estructural de los minerales. En la mayoría de las clases se destacan las subclases de los minerales con estructuras de coordinación, insular, de cadena, estratificada o de armazón. Una división más detallada de las subclases puede realizarse en función de las particularidades de la composición química; su complejidad relativa, presencia de aniones complementarios o el agua.

Siguiendo consideraciones geopolíticas y económicas muchos autores han clasificado a los minerales en tres clases o categorías, tal es el caso de Pehrson in Balestini (1959); que expone la siguiente clasificación:

  • Minerales metálicos:

    - Metales ferrosos (Hierro, Manganeso, Cromo, Molibdano, Venadium, etc.).
    - Metales livianos (Aluminio, Magnesio, etc.).
    - Metales preciosos (Oro, Plata, Platino, etc.).
    - Metales raros (Uranio, Radium, Monocita, etc.).

  • Minerales no metálicos:

    - Materiales de construcción Arena, Cemento, etc.).
    - Materiales químicos (Azufre, Sal, etc.).
    - Materiales refractarios (Cromo, Magnesita, etc.).
    - Materiales aisladores (Mica, Asbesto, etc.).
    - Materiales cerámicos (Arcillas, Feldespatos, etc.).
    - Fertilizantes (Nitratos, Fosfatos, Potasio, etc.).
    - Pigmentos y rellenos (Baritina, Barro, etc.).
    - Materiales raedores o abrasivos (Diamante industrial, etc.).
    - Piedras preciosas (Diamante, Ámbar, etc.).

Balestrini (1959) ha presentado una clasificación de los minerales en correspondencia a parámetros geopolíticos y de desarrollo industrial agrupándolos a saber:

  • Minerales estratégicos:

    Son aquellos que no se pueden producir en el país, o cuya producción no logra satisfacer la demanda nacional, bien sea esta causada por necesidades militares o industriales en general. En un sentido restringido, son aquellos minerales que en tiempo de guerra la oferta no alcanza a satisfacer las necesidades mínimas de la industria de un país. Cada país tiene su propia lista de minerales estratégicos y una política de restricción en el uso civil de aquellos que no se encuentran en cantidades suficientes para cubrir las necesidades domésticas en tiempo de guerra. Es por ello el término de estratégico aunque tiene su ascepción propia en esta disciplina científica, se vincula aquí directamente con el aspecto militar de los minerales.

  • Minerales críticos:

    Son aquellos esenciales a la defensa nacional, pero cuyo abastecimiento presenta un carácter menos grave que los primeros.

  • Minerales esenciales:

    Son fundamentales a la industria o cuya oferta es suficiente para abastecer el consumo nacional y algunas veces permite su exportación, tal es el caso del petróleo en Venezuela.

| Página Principal de Minerales | Código Geológico de Venezuela |
| Enviar Comentarios
|

© PDVSA-Intevep, 1997