EXCURSION L - 5

ALGUNAS NOTICIAS SOBRE NUEVA CADIZ
(ISLA DE CUBAGUA) VENEZUELA

J. M. CRUXENT. VI Conferencia Geológica del Caribe.
Margarita, Venezuela, Memorias 1972, pp. 33-35.

ABSTRACT


The original European settlers of Venezuela came to Cubagua island from Santo Domingo shortly after the beginning of the sixteenth century They were attracted by the pearl fisheries and they built a town from which to operate them. This town, Nueva Cádiz. was the first in South America, the Mainland being still inhabited only by Indians. It flourished for several decades, during which time the Spaniards brought Indians from all parts of the continent, as well as negroes from Africa, to work as slaves in the pearl fisheries. It grew in size and the wealthier people constructed permanent buildings of masonry. Eventually, however, the fisheries became exhausted, and Nueva Cádiz was abandoned about the middle of the century.

In December 1954, John M. Goggin, of the University of Florida, and Cruxent visited Nueva Cádiz in order to collect Spanish pottery for comparison with material they had excavated at other contemporary sites. At the start of excavation, the site consisted of a series of low mounds of earth, separated from the shore by enormous piles of shells, a by-product of the pearl fisheries. Excavations revealed no traces of masonry construction in the lower part of the refuse, which was apparently deposited during the first two phases of occupation. Remnants of masonry walls, constructed during the third phase of occupation, lay close to the surface. The buildings were arranged in regular, rectangular bloch. The largest and most elaborate houses lie along the southeast side of the point, where the trade winds have the greatest cooling effect. There is also a church in this area. A monastery lies on a side street, toward the center of the site, and another church called ·'the hermitage", is off by itself at the leeward end.

Potshards of Spanish manufacture abounded in the refuse. These include majolica, various kinds of glazed ware, olive jars, and china porcelain There were also stamps and tiles; glass was used for goblets and beads, which were traded to the Indians; iron, for knives and other implements; and copper for a variety of ornaments as well as for needles and thimbles. The Indian pottery falls into two groups. First, there is the pottery of foreign styles which the Indians must have brought with them from various parts of the Caribbean at the time of their enslavement. This includes some as yet unidentified material from the Greater Antilles and samples of all the late Neo-lndian series of Venezuela: Arauquinoid, Dabajuroid, Memoid, Tierroid and Valencioid. Second, there is a new style which the Indian apparently developed after they arrived at Nueva Cádiz and which CRUXENT and ROUSE have named after the site. This style, the Nueva Cádiz style, survived with little modification throughout the Indo-Hispanic epoch and is still in existence as the folk pottery of the village of Manicuare on the Península of Araya. It is, of course, only one of a series of contribution which the Indians have made to the modern culture of Venezuela.


R E S U M E N


Nueva Cádiz fue la primera ciudad española fundada en Suramérica. Sin embargo, el hombre existió en la isla desde tiempos más remotos, es decir, desde la época Meso-India, de acuerdo con la presencia de concheros asociados por CRUXENT Y ROUSE con el Complejo Cubagua, que dio una fecha de 2.325 años A.C., seguido por el Complejo Manicuare que dio fechas de 1.730 a 1.190 A.C; en 106 estratos superiores se identificó el Complejo Punta Gorda con cerámica del estilo El Mayal, cuya edad se ha estimado en 100 años D.C.

En la época Indo-Hispana el yacimiento pasó por tres etapas. Los españoles llegaron allí por primera vez desde Santo Domingo para traficar con perlas, pero no establecieron al comienzo asientos permanentes sino campamentos temporales. Poco a poco fueron esclavizando a los indios y adueñándose de las pesquerías de perlas. En esta fase se establecieron y construyeron chozas muy simples de bahareque y paja, pero tuvieron que abandonar al asiento en 1520, debido a una rebelión de 106 indios de Cumaná y sus alrededores. La construcción de una fortaleza en Cumaná, en 1523, dio a los españoles el control sobre los indios y comenzó la tercera fase de la ocupación de la isla, o sea, la fase mas productiva. Entonces se construyeron edificaciones más permanentes y en 1528, el poblado recibió el nombre oficial de Nueva Cádiz. En su apogeo, Nueva Cádiz no sólo albergó españoles y algunos esclavos indígenas, traídos de diversas regiones del Caribe para trabajar en la pesquerías de perlas, sino también negros de Africa.

Las excavaciones pusieron al descubierto allí no sólo artefactos españoles, sino también cerámica indígena de estilos procedentes de varias áreas del Caribe. Hay pruebas de que estos indígenas pronto abandonaron los estilos antillanos y desarrollaron una forma nueva de cerámica local que se ha denominado estilo Nueva Cádiz. Este estilo sobrevive, con escasas modificaciones, a través de la época Indo-Hispana y aun existe como cerámica rural en el pueblo de Manicuare, en la Península de Araya. Se trata, por supuesto, de una de las tantas contribuciones que los indígenas han hecho a la cultura moderna de Venezuela.


DESCRIPCION DE NUEVA CÁDIZ


AL norte y sur de la ciudad había dos grandes hornos para la elaboración de la cal, cuya materia prima era el sirial (madrépora); cierto que hemos encontrado algunos pedazos calcinados de sirial entre los muros desenterrados. Esta materia prima se conseguía en abundancia en las terrazas submarinas, poco profundas, del extremo oriental de la isla. La calidad de la cal era muy buena y sabemos hace pocos años los holandeses de las Antillas de Sotavento instalaron esta industria en La Tortuga y en otras islas venezolanas. Puede apreciarse que la carencia de leña y quizás la disminución del sirial impidió a los españoles utilizar el calicanto, su técnica tradicional de cal y piedra, a la cual agregaban algunos ladrillos. Hasta el presente, todos los muros desenterrados, hay mezcla de barro y piedra; únicamente el exterior llevó cal. Los ladrillos son escasos y algunos presentan una perforación semiesferica que sirvió de base al eje de rotación de las ventanas de las casas. El diámetro de esta perforación oscila entre 5 y 8 centímetros, lo cual demuestra la solidez de cada ventana. Para la base de las puertas, los españoles usaron piedras; muchas de éstas tienen una perforación de mas de 10 cms. de diámetro.

Seria equivocado pensar que todas las casas de Nueva Cádiz fueron construidas de piedra a la usanza española. Existen evidencias para decir que en Barlovento y a todo lo largo de la costa, existió un barrio donde la totalidad de las viviendas eran como las casas de ultramar, pero también comprobamos espacios vacíos, en los cuales hubo casas humildes con techos de paja y paredes de bahareque, cuyos restos no han resistido la acción destructora del tiempo. Las excavaciones sistemáticas en esta área nos han suministrado un material precioso para nuestros estudios y nos indican el emplazamiento de una barbería, del mercado y de la botica. Una excepción la constituye una construcción que se encuentra a unos 800 metros de la ciudad y no lejos del mar, en la punta nororiental de la isla. Estas ruinas no han sido excavadas, pero de acuerdo con un viejo mapa de Cubagua, en los alrededores de Nueva Cádiz hubo una capilla dedicada a Notre Dame. Este documento nos dejó algunas dudas. Dibujado por un francés desconocido, satisface más un punto de vista estético, ya que lo encontramos ornamentado con magníficos dibujos de árboles designados como "Bois de Sapin" ( bosque de pino ) .Quizás nuevas excavaciones nos ayudarán a identificar la Aduana, edificación que hasta ahora hemos buscado en vano en la Ensenada Charagato, donde se encuentra un sitio llamado tradicionalmente La Aduana.

Es difícil poder afirmar con certeza quién habitaba cualquiera de estas casas o edificios. Entre los casas desenterradas hay dos que debieron pertenecer a comerciantes, según se deduce de la disposición de sus piezas y otros pequeños detalles como cuentas aritméticas dibujadas sobre el revestimiento de cal de las paredes.

En una de estas casas encontramos una vasija con perlas, desgraciadamente en muy mal estado. Por las huellas observadas podemos seguir las angustias del propietario desplazando su fortuna de un sitio a otro, hasta enterrarlo por último junto a la puerta de una habitación que no tenia conexión directa con el resto de la casa y que probablemente era la cocina. La costumbre española de enterrar las cosas a un paso de la puerta es bien conocida, y desde luego bien pensada, pues la persona que entra con la intención de excavar debe pararse precisamente en este punto secreto; de esa manera buscara inútilmente en el resto de la habitación.

En la vecindad de esta casa se encuentran las ruinas de una gran construcción. De acuerdo con su apariencia parece haber sido el convento franciscano de Nueva Cádiz. Por la fotografía aérea podemos apreciar la disposición de sus dependencias. Tuvo dos grandes salas, una de las cuales fue probablemente la cocina. A la entrada de lo que debió ser la iglesia, una pequeña habitación indica que allí estuvo, quizás, la sacristía. El espacio identificado como iglesia tiene tumbas en el suelo. Sabida es la costumbre española de enterrar en la nave central de las iglesias a los señores. Entre las tumbas hay una que se destaca por su importancia; se hallaba recubierta de un sarcófago de madera ya desaparecido, envuelto en grandes anillos de hierro. Todo este lujo y majestad de la tumba permite suponer que el difunto fue hombre de alta posición social. La pequeña pieza inmediata a la iglesia nos sugiere la idea de un baptisterio, y los restos de un tobo de metal incrustado en el muro que tuvo que penetrar bajo la tierra como sumidero, indican que pertenecía a una pileta. El patio interno del convento, a pesar de que es grande, es inferior a otro que se encuentra al oeste y que pudo ser un huerto o un patio de esclavos. La hipótesis de que se trata de un convento se apoya arqueológicamente en el hallazgo de un escudo de piedra perteneciente a la Orden Franciscana, que tiene esculpidas las cinco llagas de Cristo y el cordón de la Orden. Los restos hallados de azulejos sevillanos de cuenca, las tres gárgolas de estilo medieval esculpidas magistralmente en piedra, acusan la presencia de un gran artista.

Cerca de la playa se elevaba el Ayuntamiento, cuyos muros, no obstante hallarse destruidos, dejan ver la importancia del edificio. Algunas habitaciones presentan vestigios de incendio. Los restos de una torre, dos celdas para presos con puertas estrechas, un sello real en cerámica para lacrar documentos oficiales y que representa en negativo la efigie de los Reyes Católicos, son vivos recuerdos de la presencia humana en este edificio.

No hemos encontrado pruebas para ubicar el puerto de Nueva Cádiz. En las inmediaciones de la isla la navegación es peligrosa. Los bajos coralinos sólo permiten la navegación de pequeños barcos pesqueros y los españoles debieron fondear sus grandes bajeles en lugares abrigados, quizás frente a las ruinas de la Capilla, de La Aduana o en la bahía de Charagato.

¿Cómo seria el fin de Nueva Cádiz? Este problema ha sido discutido con calor y la mayoría de los historiadores lo ha atribuido a fenómenos naturales. Nosotros estamos de acuerdo con el historiador J. A. de ARMAS CHITTY, quien sostiene que la lenta desaparición de Nueva Cádiz se debió a la destrucción de los ostrales, a la muerte del indio y a la inclemencia del clima, pues según él, después de los maremotos de 1541 y 1543, vivía gente en la isla y también llegaban barcos a la ciudad. Las características de los muros, los hallazgos del subsuelo y muchos otros detalles, permiten pensar que Nueva Cádiz no desapareció por destrucción violenta. No creo que debamos buscar a Nueva Cádiz bajo el agua, aunque no debe rechazarse tampoco la idea de que parte de la isla pudo haberse sumergido. Las búsquedas submarinas no han sido sistemáticas ni suficientes para poder emitir una opinión definitíva, pero creemos que la desaparición de Nueva Cádiz se debió al agotamiento de las madreperlas. La tenacidad de los castellanos era tan grande, que ningún terremoto, huracán, maremoto o hundimiento, les habría obligado a abandonar la isla. El agotamiento de las madreperlas determino el destino de la ciudad y abrió la fase de su agonía. Pero fue necesario esperar un tiempo, antes de que las autoridades permitieran a los veteranos de Cubagua dispersarse hacia Margarita, Coche y especialmente el Cabo de La Vela, el cual en un momento dado se convirtió en una prolongación de Nueva Cádiz. Después del éxodo, Cubagua no quedó totalmente deshabitada. Las casas continuaron arruinándose progresivamente y algunas de ellas, destruídas por los piratas, abrigaron nuevos seres humanos. Numerosos fogones hallados entre las ruinas confirman esta impresión.

De esta época post-Nueva Cádiz, descubrimos testimonios recientemente en los muros de una casa no distante del horno de cal del norte. Hallamos dos esqueletos que reposaban en lo que fue una habitación y los cuales pudieron ser desenterrados sin moverlos. Un cuadro de sierra (prueba estratigráfica) nos facilitó medir el espesor de la arena fina que se había acumulado entre el piso original de la habitación y el nivel donde se hallaban los esqueletos. Comprobamos que se trataba de seres humanos, probablemente de un menor y una mujer, y que la muerte ocurrió en una época posterior a la decadencia de Nueva Cádiz como ciudad. No dudamos que la muerte ocurrió in situ, durante el sueño, por el desplome del techo y que los pedazos de cal incrustados en los esqueletos pertenecen al techo y no a los muros, cuyo desplome ocurriría más tarde. La identificación de la cal del techo es fácil pues todas las casas tenían techos de platabanda. Estos se hallan sostenidos por grandes vigas revestidas de caña amarga y sobre los cuales descansaba la platabanda. Solamente en una casa encontramos una técnica diferente: la caña amarga se reemplazó por planchas de madera clavadas en posición cabalgante a manera de casco de ciertas naves. Nueva Cádiz no conoció las tejas. Con relación al descubrimiento de los dos esqueletos se presentó un problema bastante curioso: en el lado opuesto del muro donde yacían las víctimas del accidente, hallamos un cráneo bien conservado y, a corta distancia, huesos de las falanges de un pié. La posición dudosa del cráneo, cuya fez se encontraba boca abajo, y el hecho de no haber aparecido el resto del esqueleto, nos hace pensar que quizás perteneció a un decapitado.

Las ruinas de Nueva Cádiz quedaron largo tiempo visibles, no sólo hasta el siglo XVII, sobre las cuales nos hablan los piratas, sino hasta hace pocos años. Hay personas de avanzada edad que aseguran recordar los relatos de sus padres y haber visto muros, escalinatas, vasijas, azulejos, que estaban a flor de tierra. Al parecer, pare erigir a Punta de Piedras, fue mucho el material de ladrillos y piedras que extrajeron de sus ruinas. La sola noticia impulsó a más de un coleccionista a excavar en Cubagua en busca de objetos arqueológicos. No faltaron los buscadores de tesoros e ignoro hasta qué punto tuvieron éxito, pero sí he comprobado los destrozos causados en las ruinas.

El conocimiento científico de Cubagua lo inició el Profesor Pablo Vila, junto con sus alumnos del Instituto Pedagógico de Caracas; a Vila acompañó el Doctor Icilio Crisci. Seguidamente visitaron a Cubagua el Doctor Jesús Mata de Gregorio y el Sr. Lino Moulines. Luego fue una comisión científica en julio de 1950, dirigida por el Doctor Miguel Acosta Saignes y compuesta por el profesor J. A. de Armas Chitty y el doctor Jesús Mata de Gregorio, quienes realizaron interesantes trabajos arqueológicos e históricos sobre los cuales dictaron conferencias en la Universidad Central. También Don Alfredo Boulton, el Sr. Ricardo Becerra y el Doctor Antonio Requena, a quienes me cupo el honor de acompañar en mas de una oportunidad, realizaron estudios en Cubagua. Fue en diciembre de 1954, cuando fui a Cubagua con el Doctor John Goggin de la Universidad de Florida. Después de terminado el viaje emprendí sistemáticamente la excavación de Nueva Cádiz. Junto con Goggin excavamos algunos sitios para coleccionar muestras de material cerámico del siglo XVI, con miras a identificar el material cerámico excavado en la Costa Atlántica de Darién, cuando la expedición de Su Majestad Leopoldo de Bélgica fue en busca de la ruta de Balboa.

Lo realizado en Nueva Cádiz nos ha permitido atesorar un material cerámico valioso para los estudios sistemáticos. Por otra parte, encontramos los restos de origen americano coexistiendo con los de origen europeo. Esta circunstancia permite enriquecer un aspecto de la cronología arqueológica bastante difícil; el periodo V de la arqueología venezolana, es decir, el periodo histórico o época Indo-Hispana, para el cual el análisis de Carbono-14 no parece ser muy apropiado por tratarse de fechas demasiado recientes, Hasta el presente, a simple vista, hemos identificado dos culturas que nos son conocidas: una oriental de la costa y la otra de los llanos de Guárico. También hemos hallado tiestos adornados con pintura roja y amarilla, esta última muy rara en la arqueología venezolana.

En las líneas precedentes he dado un breve resumen sobre las ruinas de Nueva Cádiz, la primera ciudad de Sur América que fundó el aventurero español a comienzos del siglo XVI en tierra venezolana. Estas ruinas de tanto interés histórico y arqueológico constituyen una joya para el turismo nacional y debieran ser conservadas y reconstruidas para las generaciones venideras.


BIBLlOGRAFIA

ARMAS CHITTY, J. A. (1951).—Origen y formación de algunos pueblos de Venezuela. Caracas.

CRUXENT, J. M. (1955).—Nueva Cádiz: testimonio de piedra. Rev. El Farol, Año XVII, N° 160: 2-5, Caracas.

CRUXENT, J. M. y ROUSE, L (1958-1959).—An archeological Chronology of Venezuela. Pan American Union, Social Science Monographs, N° 6, 2 vols., Washington.

ROUSE, L y CRUXENT, J.M. (1966).—Arqueología venezolana. (Traducido del ingles por E. Wagner). Ed. Vega. Caracas.

VILA, P. (1948).—La destrucción de Nueva Cádiz. ¿Terremoto o huracán?, Boletín Academia Nacional de la Historia, Vol. 31, N° 123, p. 213-19, Caracas.


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