IV Seminario Internacional de la OPEP: Expansión de la capacidad de producción de petróleo Aguas arriba y aguas abajo
Buenos días,
Excelentísimo Ministro de Petróleo y Recursos Naturales del Reino de Arabia Saudita, Alí AI Naimi.
Excelentísimo Ministro de Petróleo de la República de Irak, Al – Shahristani.
Señor Presidente y Director Ejecutivo de Chevron Corporation, David J. O’Reilly.
Distinguidos representantes de los países miembros de la OPEP.
Distinguidos representantes de empresas petroleras presentes.
Señoras y señores.
Es un honor para mí poder dirigirme a esta distinguida concurrencia en ocasión de este cuarto seminario internacional de la OPEP. Me complace mucho su presencia aquí, la cual no solamente ilustra de forma elocuente el poder de convocatoria de la OPEP, sino que también demuestra el compromiso de todos sus países miembros con el diálogo abierto como una vía para plantear y resolver problemas complejos que afectan a todos los países del mundo.
En este momento, nos encontramos en medio de una crisis económica de excepcional severidad, cuyas implicaciones, profundidad y alcance todavía no estamos en posición de determinar. La magnitud de la crisis ha generado gran preocupación entre los líderes del mundo desarrollado. Sin embargo, para nosotros los países del tercer mundo, aún aquéllos que tenemos posibilidades de exportar una importante materia prima como el petróleo, esta crisis y sus consecuencias de hecho nos resultan bastante familiares. Para nosotros se trata de una nueva manifestación de la crisis del capitalismo mundial, cuyas consecuencias ya hemos pagado muchas veces con anterioridad, en la forma del colonialismo, las guerras imperialistas, y las tragedias de los pobres y los pueblos desplazados.
Esta crisis sin lugar a duda ha impactado de manera sustancial al mercado petrolero internacional; un mercado que fue víctima por cierto de las manipulaciones financieras y de una burbuja especulativa que llevó el petróleo a precios sin precedentes a mediados del año pasado, sin basamento alguno en los fundamentos del mercado. En el mediano y largo plazo, una vez que se hayan superado las consecuencias de esta crisis, va a volver a ponerse en evidencia un hecho incuestionable: los recursos naturales en general cada vez son más limitados y el petróleo no solamente es un recurso natural de máxima importancia, sino que además es no renovable y se agota. Cada día son menos los sitios donde se puede producir petróleo a bajo costo y esto, aunado a la incertidumbre derivada de la actual crisis financiera, se ha traducido en la cancelación o posposición de proyectos de desarrollo en las arenas petrolíferas de Canadá, la caída en el número de taladros en activo a nivel mundial, las demoras en proyectos en aguas profundas y Asia Central, etcétera.
Es por ello que el tema de las capacidades de producción es un asunto que concentra la mayor atención de los países agrupados en el seno de la OPEP, porque estamos conscientes de nuestra responsabilidad de mantener la intensidad en la inversión para sostener y expandir nuestra capacidad de producción y procesamiento, con la finalidad de satisfacer la demanda mundial, una vez que ésta se recupere. De allí nuestro argumento sobre el precio justo para nuestros recursos naturales. Nosotros creemos que solamente un piso de 70 dólares por barril hará posible sostener las inversiones que necesitamos llevar a cabo hoy en día para garantizar un crecimiento de la capacidad de producción de la OPEP a los niveles que serán requeridos. En este sentido, es absolutamente esencial evitar los ciclos de bonanza y ruina que han sido tan característicos de la industria petrolera a lo largo de su historia.
En los países de la OPEP están concentradas más del 80% de las reservas mundiales de petróleo, y nosotros sabemos que garantizar, en el mediano y largo plazo, la seguridad energética del planeta, supone una correcta administración de la tasa de explotación de nuestros recursos y las inversiones para ampliar capacidades de expansión. Esto necesariamente tiene que verse acompañado por una racionalización del consumo energético de los grandes países industrializados y la eliminación progresiva de las profundas asimetrías existentes en la economía mundial.
Cuando hablamos de la ampliación de capacidades de producción, debemos revindicar antes que todo el derecho soberano de los países productores a administrar y regular el acceso a la explotación de sus recursos naturales. La explotación de dichos recursos naturales solamente puede tener lugar en un contexto de pleno respeto por la soberanía de los países productores, en el marco de las leyes nacionales de esos países, y dejando a un lado la pretensión del capital trasnacional de imponer la liberalización y el acceso universal e incondicional a los recursos naturales. En efecto, la soberanía es ante todo un concepto territorial, y todos los países soberanos del mundo por igual, se reservan el derecho de regular el uso de sus propios recursos sin someterse a limitaciones como las que se pretenden establecer en tratados internacionales como la OMC o el Tratado de la Carta Energética, en cuanto al flujo internacional de mercancías o capitales. En Venezuela, la defensa de estos principios irreducibles nos ha llevado a una confrontación en las cortes internacionales, la cual no tiene precedentes en términos de la magnitud de los reclamos involucrados.
Respecto a este tema de las capacidades de producción y para hablar del caso de mi propio país, Venezuela, me gustaría referirme a la acumulación de hidrocarburos más grande del planeta, la Faja Petrolífera del Orinoco. Esta región de 55.000 km2, ubicada al norte de río Orinoco en Venezuela, contiene la extraordinaria cifra de 1.3 trillones de barriles de petróleo original en sitio. Asumiendo un factor de recobro del 20%, la tecnología actualmente disponible permitiría la recuperación económicamente viable de 272 mil millones de barriles de petróleo.
Hoy en día, con la tecnología de mejoramiento que está instalada en Venezuela y con la participación de nuestros socios internacionales, se producen en la Faja aproximadamente 800 mil barriles día. De ellos, un poco más de 600 mil barriles día se somete a procesos de mejoramiento, de los duales se obtienen alrededor de 510 mil barriles día de crudo mejorado (cuando hablamos de mejoramiento nos referimos a un proceso básico de extracción de coque y azufre que permite llevar este crudo de 8°API a un crudo con una calidad de hasta 32°API).
Ahora bien, durante muchos años en Venezuela se buscó encubrir a los recursos de la Faja Petrolífera del Orinoco bajo la denominación de bitumen natural. Asimismo, se calificaba al producto obtenido de los mejoradores como crudo sintético. El objetivo de este ejercicio de nomenclatura, emprendido en cooperación con la Agencia Internacional de Energía, era declarar a los recursos de la Faja del Orinoco como fuera de la regulación de la producción de la OPEP. A su vez, esto constituía un elemento central de una estrategia, adoptada por los gobiernos venezolanos previos a la Administración del Presidente Chávez, la cual estaba encaminada a hacer que Venezuela de facto se retirara de la OPEP gradualmente. Hoy todavía se pueden detectar huellas de esta estrategia en el hecho de que las cifras oficiales de producción de crudo de Venezuela, de un lado, y los estimados de producción para el país publicados por otras fuentes secundarias, por el otro, son radicalmente distintas: en la actualidad, la diferencia es de aproximadamente 750 mil barriles por día. Hay un grado notable de correlación entre esta brecha y la producción de crudo extra–pesado de la Faja del Orinoco, tan alto que resulta obvio que las fuentes secundarias simplemente no están incluyendo estos volúmenes en sus estimados.
Nuestro gobierno redefinió y re-estableció los principios de nuestra política petrolera, enmarcándola dentro del concepto de una “Plena Soberanía Petrolera”, y articulando un nuevo régimen legal dentro del cual se desenvolvió una estrategia de nacionalización de los proyectos de desarrollo existentes en la Faja del Orinoco. Dicha estrategia nos permitió recuperar no solamente nuestro régimen fiscal sino también el control del Estado Venezolano sobre esta gigantesca provincia petrolera, lo cual nos ha permitido iniciar un intenso proceso de expansión de capacidades.
Ahora bien, las actividades de producción y mejoramiento en la Faja Petrolífera del Orinoco plantean inmensos desafíos tecnológicos y ambientales, y es por ello que nos complace contar con la inversión y cooperación por parte de más de 27 compañías internacionales para llevar adelante nuestros planes de expansión. Finalmente, nuestros planes de expansión están imbuidos de un profundo sentido de responsabilidad hacia las futuras generaciones de venezolanos, y las futuras generaciones de consumidores en los países importadores de petróleo. El modelo de explotación de la Faja implementado durante los años novecientos noventas estaba predicado sobre un comportamiento depredador de nuestros recursos naturales, que consistía en que las compañías extrajeran mediante producción en frío el crudo más accesible, para simplemente mudarse a otra área cuando los pozos comenzaban a dar señales de agotamiento. En contraste, nuestro plan asume con responsabilidad nuestro papel de administradores de estos recursos petroleros, y busca aumentar la tasa de recobro en la Faja del Orinoco del 7-8 por ciento asociado con la producción en frío a 20 por ciento o más, a través del uso de métodos secundarios de recuperación.
En la Faja del Orinoco estamos hoy en día produciendo más de 800 mil barriles diarios, pero esperamos que para el año 2020, esta cifra sea superior a los 3 millones de barriles día. Como se puede apreciar, el crecimiento de nuestra capacidad de producción petrolera tendrá como eje el desarrollo de la Faja del Orinoco, para sacar máximo provecho de sus ventajas comparativas, en la forma de cero riesgos y costos exploratorios, y costos operacionales del orden de 1.5 dólares por barril. Desde luego, producir un crudo liviano de alta calidad supone costos adicionales del orden de 5 dólares por barril. Sin embargo, la otra cara de la moneda de estos costos adicionales es que permiten el desarrollo de actividades industriales aguas bajo (mejoramiento), con todas las implicaciones en términos de expansión económica, empleo, transferencia tecnológica, etc., que esto supone. Además, el mejoramiento confiere un importante grado de flexibilidad comercial a nuestra industria, ya que permite elaborar segregaciones comerciales a la medida de diversos clientes con muy distintas configuraciones de refinación.
El primer paso en nuestro plan de expansión es un proceso de certificación de reservas con compañías internacionales, gracias al cual hasta el momento se han incorporado más de 99 mil millones de barriles de reservas. Para finales del año 2009, esperamos haber incorporado un total de 173 mil de millones de barriles adicionales, lo cual ubicará a Venezuela con una cifra de reservas probadas de 316 mil millones de barriles, las mayores del mundo.
Tras la certificación, el desarrollo de todas estas reservas requerirá de un monto total de inversión superior a los 79 mil millones de dólares solamente durante los próximos 7 años. Venezuela está comprometida a dar este paso decisivo, porque sabemos que, junto con nuestros países socios miembros de la OPEP, somos los únicos garantes del suministro petrolero del mundo en el largo plazo… Muchas Gracias.