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Discurso del Presidente Nicolás Maduro con motivo de la Cumbre Sobre el Cambio Climático de Las Naciones Unidas

Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, con motivo de la Cumbre Sobre el Cambio Climático de Las Naciones Unidas, Nueva York, 23 de septiembre de 2014

“Hoy estamos aquí en Nueva York, cinco años después de la más grande reunión de dirigentes mundiales hecha por la Organización de las Naciones Unidas para discutir la principal amenaza de supervivencia humana para este siglo, que es el cambio climático.

Fue en Copenhague, Dinamarca, donde se hicieron presentes 119 Jefes de Estado y de Gobierno, lo recuerdo muy bien, pues asistí en calidad de Canciller acompañando a nuestro Eterno Líder, Hugo Chávez, quien junto a otros líderes del continente, entre ellos el presidente [de Bolivia] Evo Morales, fijaron posiciones claras y contundentes llevando la voz de nuestros pueblos.

Hoy, el cambio climático sigue existiendo con consecuencias cada vez más devastadoras, amenazando con la destrucción global de la vida en el planeta y lamentablemente aún no vemos la luz al final del túnel. La crisis ambiental que hoy padecemos está definida por una realidad alarmante. Mientras tanto, todos los factores que inciden en la destrucción del planeta avanzan aceleradamente, y siguen sin tomarse las medidas impostergables y necesarias para el control ambiental. La naturaleza nos viene dando signos claros del estado de gravedad, pero los poderosos del mundo no hacen otra cosa que agredirla sistemáticamente.

Esta crisis ambiental, resultado de las acciones del ser humano, es parte, sobre todo, de la crisis de un modelo civilizatorio-capitalista basado en patrones de producción y consumo insostenibles que generan inequidad, injusticia, pobreza y destrucción del planeta. El capitalismo ha ignorado, por décadas, la capacidad de carga y de reposición de la naturaleza, las leyes de la termodinámica y la entropía. En la lógica capitalista, el crecimiento económico es incompatible con la supervivencia del planeta, la lógica de explotación del capital es simplemente insostenible.

Hoy en día, el 20% de los países más ricos del capitalismo consume 84% de la energía del mundo, contaminando el planeta y destruyendo su equilibrio. Son estas potencias contaminadoras que en dos siglos han afectado la vida en el planeta, son estas potencias las que ahora quieren alzar las banderas del ambientalismo para ganar dinero con la contaminación y poner precio a las emisiones, y canjear, como se conoce en términos financieros, el derecho a contaminar este mundo.

Vemos con estupor cómo los principales responsables del cambio climático y de sus terribles consecuencias carecen de la más mínima voluntad política para detener y revertir un mal de dimensiones planetarias, generado por las grandes corporaciones económicas y financieras globalizadas. Necesario es que hagamos memoria.

Hace ya 22 años George Bush, padre, en el ápice de la prepotencia imperial del mundo unipolar, en Río de Janeiro, nos dijo: ’nuestro estilo de vida no es negociable’. Lo decía en respuesta a quienes reclamaban acciones concretas contra el cambio climático. También hace 22 años, exactamente, un 12 de junio de 1992, desde Río de Janeiro, el comandante cubano y latinoamericano, Fidel Castro, nos indicaba: ’una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer, por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida, el hombre’. Ahora, debemos tomar conciencia de que este problema, 22 años después, se ha ido agravando.

Si ayer era tarde, pronto será demasiado tarde, aunque algunos molestos que se les recuerde lo que dicen los más conservadores diagnósticos científicos, es necesario decirlo aquí con todas sus letras. No podemos seguir bajo el amparo de un modelo de desarrollo que vulnera drásticamente las condiciones de vida humana y pone en peligro la existencia de las futuras generaciones.

David Orr, profesor de la Universidad Oberlin College y asesor del presidente Barack Obama, declaró a principios de este año lo siguiente: ’mucho antes de que la crisis climática fuera el mayor fracaso de mercado que se haya visto, el mundo fue un enorme fracaso político y gubernamental’, refiriéndose a las lógicas que se impusieron a partir de los años 80 del pasado siglo, según las cuales, deberíamos reducir hasta la nada las responsabilidades de los Estados, y ensanchar hasta el infinito el curso de los capitales y los mercados.

Frente a este sombrío escenario en el que se mezclan la apatía, la impotencia, la preocupación y la indolencia, resulta más oportuno que nunca recordar lo que nos señala la sabiduría Indoamericana de nuestra Suramérica: ’sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último paz atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero’.

Es en ese contexto, desde la óptica del llamado mundo industrializado que se nos propone, ahora que los países del Sur transitamos en lo que se ha dado por llamar la economía verde. Los países industrializados con estas propuestas no solamente atentan el derecho al desarrollo de nuestros países, sino que quieren disfrazar las mismas fórmulas capitalistas, tomando las banderas de los movimientos ecologistas y ambientalistas.

La República Bolivariana de Venezuela ratifica su compromiso para avanzar en una planificación integral, que considere los tres pilares fundamentales del desarrollo ecológico sostenible con una concepción de economía social ecológica. Venezuela, hoy por hoy, sostiene 70% de su demanda de energía con la hidroelectricidad y posee 60% de su territorio bajo alguna figura administrativa de protección. Más de 222 áreas protegidas preservan 58 millones de hectáreas de bosques, incluyendo parques nacionales, reservas de biosfera y reservas de fauna.

La conservación de los bosques venezolanos se traduce en un ahorro de emisiones de 12 mil 221 millones de toneladas de CO2, logrando disminuir la pérdida de la cobertura de bosques, hoy por hoy en más de 50%.

Venezuela, señor Presidente, tuvo la dicha de recibir en nuestra Patria a las delegaciones del PreCop-Social . Más de 300 delegados, de 135 organizaciones y movimientos sociales de 71 países, aprobaron la declaración de Margarita. Señor Presidente, es imposible soslayar el peligro inminente, y así lo decimos desde Venezuela, de un colapso climático que ya está en marcha.

Uno de sus signos más evidentes es el terrible fenómeno del cambio climático, lo avizorara el gran defensor, el pensador alemán Walter Bejamin, con respecto a la dominación del capital en la tercera década del siglo XX. ¿Hasta cuándo se nos va a seguir proponiendo soluciones capitalistas con el viejo modelo destructor para darle respuestas a los gravísimos problemas que se han creado en los últimos 100 años? ¿Alguien puede creer, por poner un elocuente ejemplo, que las corporaciones transnacionales pueden convertirse de un día para otro en protagonistas de la salvación del planeta? ¿Quiénes mercantilizan la vida humana y la naturaleza van a aceptar compromisos para cambiar la lógica para salvar el planeta?

Desde nuestra América, señor Presidente, nosotros levantamos nuestra protesta y nuestra indignación ante estos modelos que ahora tratan de llamarse “economía verde”. Señor Presidente, somos hijos de la Pachamama, desde Suramérica decimos: Miremos con voz respetuosa, con mirada respetuosa, los cambios que necesitan de un modelo que debe ser de manera urgente asumida por toda la humanidad.

Saludamos la convocatoria de esta reunión de cambio climático y volvemos a decir, como dijera nuestro Comandante Chávez en Copenhague, escuchemos la voz de la calle. Aún retumban los gritos de los pueblos de Copenhague, hace cinco años, cuando decían: ‘Si queremos cambiar el clima, cambiemos el sistema’; escuchemos la voz de los pueblos que marcharon el domingo pasado en Nueva York y decían: ’Acciones ¡ya! No más palabras’.

Nosotros, desde la República Bolivariana de Venezuela, nos comprometemos a seguir defendiendo los derechos de los pueblos, que se cambie el sistema para poder preservar la vida en el planeta.

Muchas gracias, queridos compañeros y compañeras”.