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Gasolina venezolana tiene calidad humana, científica y tecnológica

 

Autor:
Werther Sandoval

Hasta dos veces la distancia Caracas Maracaibo puede viajar la gasolina antes de llegar a su auto


Estaciones de Servicios, Gandolas Cisternas, Tanques de Almacenamiento, son apenas algunas de las instalaciones de la industria de los hidrocarburos donde laboran más de 7.000 trabajadores de Petróleos de Venezuela, PDVSA, dedicados a garantizar que la gasolina esté presente en los tanques de los 5.2 millones de vehículos que conforman el parque automotor del país.

Hay más. Para que cada conductor encienda su auto y recorra a entera satisfacción las autopistas, carreteras, avenidas y calles de Venezuela, PDVSA dispone de un circuito de refinerías dedicadas a extraer del petróleo una amplia variedad de productos y derivados, entre los cuales se encuentra la gasolina expedida por cada una de las 1.676 estaciones de servicios ubicadas en puntos estratégicos de acceso vehicular.

Las refinerías poseen una capacidad de procesamiento mucho mayor al volumen dispensado, pero bastaría citar que en junio pasado el circuito refinador colocó en el mercado 230.000 barriles diarios de gasolina, un volumen que implica para su traslado una red de estaciones de bombeo capaces de impulsar el combustible por una red de poliductos de 1.444 kilómetros de longitud, equivalente a dos veces la distancia que separa Caracas de Maracaibo.

Sin embargo, el traslado vía poliductos es tan solo un eslabón de la larga cadena de valor del hidrocarburo. El trayecto para llevar gasolina a los tanques de los automóviles arranca con la exploración geofísica y satelital del territorio nacional a los fines de hallar petróleo, y una vez encontrado comienza el proceso de traslado y transformación en una amplísima variedad de productos, algunos tan desapercibidos como indispensables para la buena marcha de la rutina diaria de cualquier ciudadano en el planeta.

De allí que la tarea de poner el combustible a disposición de los conductores en cada una de las estaciones de servicio exige una estructura de distribución y transporte acoplada a la intrincada orografía de nuestra Nación. Basta citar que la gasolina depositada por cualquier chofer caraqueño en su vehículo es transportada vía poliductos y por inmensos tanqueros desde la Refinería El Palito y desde el Centro Refinador de Paraguaná, el segundo mayor del mundo.

La gasolina es trasladada vía poliductos desde la Refinería El Palito, estado Carabobo, hacia Valencia, donde es recibida por el centro de Distribución de Yagua, que dispone de un sistema automatizado para el llenado de los camiones cisternas responsables de distribuir el combustible hacia las diferentes estaciones de servicios ubicadas en el centro llanero y en el occidente del país.

La gasolina también es movilizada en grandes buques por el mar Caribe, desde la Península de Paraguaná hasta los centros de Distribución de Catia La Mar, en el estado Vargas; y de Carenero, en la costa del estado Miranda, desde donde el combustible es movilizado vía poliductos hasta las plantas de llenados denominadas Llenaderos, cuya labor es surtir a los camiones cisternas responsables de trasladar la gasolina a las Estaciones de Servicios del Distrito Capital, donde existen un millón cuarenta y seis mil autos que gastan un promedio de 0,88 litros por día de combustible.

En Venezuela existen otras 14 plantas de distribución como la de Yagua, Catia La Mar y Guatire, a las cuales les llega gasolina vía poliducto, el primero; y vía transporte marítimo a través de 14 grandes tanqueros, las dos segundas.

Pero la tarea de asegurar el combustible para la sana marcha del país no se limita a garantizar el surtido de gasolina a los 5,2 millones de vehículos automotores. PDVSA también atiende a las necesidades de la flota de barcos pesqueros en cinco puertos de pescadores, en dos terminales marítimos y de la aviación pública y comercial, nacional e internacional, en 26 aeropuertos.

No obstante, sería grave omitir la ardua tarea que realizan los trabajadores de PDVSA para llevar el combustible a grupos humanos asentados en lugares geográficos distantes, intrincados y de muy difícil acceso, como son las poblaciones indígenas que habitan los pueblos de Maniapare, Atabapo, La Esmeralda y Río Negro, en el estado Amazonas, por decir algunos.

Hacia estos distantes pueblos la gasolina es trasladada mediante 11 gabarras que cruzan el río padre, el Soberbio Orinoco, a excepción de cuando las condiciones climáticas son tan adversas que obligan a enviar el combustible por camiones cisternas; todo sea por soslayar obstáculos que impidan brindar el servicio seguro y eficiente a las curiaras empleadas por los indígenas para trasladarse por los ríos de nuestra Amazonía.

 

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